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Diego López Garrido (17 de diciembre de 2025)

17 desembre 2025

Diego López Garrido, diputado en varias legislaturas y secretario de Estado para la Unión Europea (2008-2011), catedrático emérito de Derecho Constitucional y vicepresidente ejecutivo de la Fundación Alternativas, responde a nuestro cuestionario.

¿Qué cree que define sustantivamente el socialismo democrático? ¿Cuáles cree que son sus valores y propuestas esenciales?

El socialismo democrático tiene dos pilares inescindibles que sustentan su sentido histórico y su valor político actual:

  • La igualdad entre los seres humanos y la justicia social.
  • La democracia como modelo de convivencia entre personas y entre países.

La evolución del s. XX ha convertido al socialismo democrático en un movimiento europeísta, en un defensor de un orden internacional basado en normas y en el multilateralismo, así como una superación del neoliberalismo de los años 80, que fracasó económicamente tras acrecentar las desigualdades.

¿Cómo entiende la relación entre marxismo y socialismo? ¿Qué lectura hace de la historia del socialismo?

El marxismo ha sido la ideología que ha sustentado al socialismo desde sus orígenes en la era industrial. Ha sido el corazón de la política socialista en un ámbito internacional. Ha planteado alternativas al capitalismo, pero, ante el desarrollo democrático, los países occidentales han desembocado en el estado de bienestar como gran aportación del socialismo en la época posterior a la II Guerra Mundial, sin hacer desaparecer a la economía de mercado.

En este sentido, el marxismo ya no puede dar respuesta suficiente a los retos de la era postindustrial y de la transformación tecnológica y digital. Esto obliga al socialismo a un gran esfuerzo de desarrollo ideológico para lograr la hegemonía política.

¿Cuál piensa que ha sido y cuál debería ser el vínculo entre pensamiento y praxis política en el socialismo?

El pensamiento político socialista tiene el desafío de actuar de guía política a las clases media y trabajadoras. En el siglo XXI esta es una tarea muy difícil porque la clase trabajadora se ha escindido entre el trabajo tradicional y las élites surgidas de la enorme transformación tecnológica.

de dar respuesta a las nuevas desigualdades que se han proyectado en la aparición impetuosa de propuestas populistas y de extrema derecha en Europa, EE.UU. y Latinoamérica.

El pensamiento político socialista acusa la dificultad

¿Cuáles son, según su criterio, los retos de nuestro mundo actual en los que el pensamiento socialista necesita centrar sus esfuerzos de reflexión y/o actualizar sus postulados (desigualdades, medio ambiente, migraciones, digitalización, ciencia, globalización, representación social y política, otros)?

El pensamiento socialista debe centrar su atención en la división entre clases trabajadoras e intelectuales, efectuando propuestas políticas reales, no ficticias.

Un elemento de lo anterior ha de ser la fiscalidad de la riqueza y de los ingresos de los sectores sociales más favorecidos y de las grandes corporaciones multinacionales. Solo así se podrá responder al fantasma que recorre el planeta: una deuda de enormes proporciones que ahoga a las economías de todos los países.

La socialdemocracia ha de recuperar la dirección de la política de lucha contra el cambio climático y la transformación digital.

Asimismo, ha de defender la positividad social y económica de las migraciones. Y responder a la xenofobia y el racismo.

La socialdemocracia debe potenciar la ciencia frente al populismo de falsas propuestas.

La socialdemocracia ha de responder a la demanda de seguridad que crece en la sociedad actual, y de la que se aprovecha la derecha. En especial, respecto de la violencia de género, que es uno de los principales problemas que tiene la humanidad.

¿Considera la forma partido como el entorno adecuado para mantener, desarrollar y difundir el pensamiento socialista? ¿Es posible o necesario el pensamiento de partido y la figura del intelectual orgánico?

El partido es el sujeto insustituible para la acción política del siglo XXI, pero ha de abrirse a la acción desde la sociedad civil que protagonizan los think tanks y otras organizaciones no gubernamentales. Los centros de pensamiento progresista deberían confluir en un ámbito supranacional que tenga una solidez que les permita combatir eficazmente la internacional reaccionaria que se está confirmando en el mundo occidental, con la consecuente polarización política.

Diego López Garrido nació en Madrid, el 8 de septiembre de 1947. Es catedrático emérito de Derecho Constitucional, letrado de las Cortes y licenciado en Ciencias Empresariales. Fue diputado desde 1993, inicialmente en el grupo parlamentario de la coalición Izquierda Unida (IU), donde promovió la corriente Nueva Izquierda, que posteriormente se constituyó en partido político (PDNI), escindido de la coalición e integrado en 2001 en el PSOE. Fue secretario general del grupo socialista y posteriormente portavoz del Grupo Parlamentario Socialista en el Congreso entre 2006 y 2008, y secretario de Estado para la Unión Europea del gobierno socialista entre 2008 y 2011.

Con una dilatada experiencia en asuntos internacionales y especialmente en el ámbito de los derechos humanos, fue vicepresidente de la Asociación Pro Derechos Humanos y de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado, observador en el Tribunal Europeo de los Derechos del Hombre, y miembro de la Convención sobre el futuro de Europa que, presidida por el expresidente francés Valéry Giscard d’Estaing, elaboró entre 2002 y 2003 el Tratado Constitucional Europeo.

Desde septiembre de 2018 es vicepresidente ejecutivo y director de la Fundación Alternativas.