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Dossier “Palestina: un pasado intenso, un presente insostenible y un futuro por decidir”: introducción – AA.VV.

18 juliol 2025

La imagen que ilustra este dossier es la imagen de una utopía. Muestra el camino de acceso a Nehve Shalom/Wahat-al-Salam/Oasis de Paz, un municipio fundado en 1976 por israelíes de origen judío y de origen árabe-musulmán. Una imagen sin duda contrapuesta a la realidad actual de una región que lleva en efervescencia bélica desde hace más de un siglo, cuando Palestina formaba parte integrante del Imperio Otomano.

Empecemos por Palestina. En el contexto de este dossier, el uso del término “Palestina” engloba la descripción del territorio ocupado, en las postrimerías del Imperio Romano, por las provincias de Palestina Prima, Palestina Secunda y Palestina Tertia o Salutaris. Un territorio que englobaría esencialmente el actual Israel, la actual Palestina (Cisjordania y Gaza), además de los Altos del Golán (territorio de Siria bajo control israelí) y la península del Sinaí (parte integrante de Egipto). Estas tres provincias palestinas estaban pobladas básicamente por árabes de religión cristiana. Las escuelas filosóficas de las ciudades de Gaza y Cesarea Maritima (la actual Cesarea israelí) fueron el hogar de numerosos padres del cristianismo primigenio como San Jerónimo y San Pablo de Tarso, por citar solo algunos de los más relevantes.

Dos siglos antes de esa época (alrededor del año 135 de la Era Común) había tenido lugar la expulsión de los protagonistas de la última revuelta de los judíos contra el Imperio Romano. Después de su avasalladora victoria, con la correspondiente masacre de los perdedores, el emperador Adriano decidió sacudirse de encima a los revoltosos hebreos, pobladores de Judea, que habían provocado tres guerras con el Imperio a lo largo de 70 años.

Esta expulsión puso fin a la presencia mayoritaria de los hebreos, descendientes de las tribus hebreas que provenían de Mesopotamia (lado Este del Creciente Fértil), en las orillas del río Jordán (lado Oeste del mismo Creciente Fértil). La existencia de textos religiosos, crónicas y tablillas de arcilla acreditaría tanto la migración original de las tribus hebreas como su expulsión de Palestina que dio lugar a la Diáspora de los judíos. En este punto es importante hacer notar que la lengua de los hebreos es una lengua de origen semítico, como el árabe, el arameo o el filisteo. Y que la denominación científica de “semítico-semítica” se deriva del nombre bíblico de Sem, el supuesto antecesor de los pueblos de Oriente Medio (uno de los hijos de Abraham; los otros dos, Jafet y Cam, serían los antecesores de europeos y africanos), usado por primera vez por los miembros de la Universidad de Gotinga, en el siglo XVII, para describir pueblos, culturas o lenguas provenientes de Palestina y alrededores.

La Diáspora de los judíos (como las diásporas de los romanís -desde el siglo X-, de los circasianos –desde el siglo XIX- o de los armenios –desde 1915-) tuvo el efecto de reforzar los elementos de cohesión de los descendientes de los originalmente expulsados de Palestina. Los textos religiosos y las tradiciones culturales dotaron de identidad a unas comunidades repartidas por medio hemisferio norte y que durante la Baja Edad Media sufrieron sucesivas expulsiones colectivas de los reinos de Inglaterra s. XIV, Francia s. XII, Estados Pontificios s. XVI, España (en 1492). Finalmente, además de un paulatino regreso de los judíos a Inglaterra y a Francia, las poblaciones hebreas se fueron estabilizando en el Este de Europa, el Norte de África y, muy particularmente, en el Imperio Otomano. La estabilización no fue sinónimo de tranquilidad. Las matanzas de judíos eran moneda frecuente. Hasta el punto de dejarnos el dudoso legado del término “pogrom”, un nombre Yiddish (una de las lenguas derivadas del hebreo durante la Diáspora) que define la destrucción violenta e indiscriminada de personas y de sus posesiones.

 A finales del siglo XIX, con el periodista judío con pasaporte austro-húngaro Theodor Herzl como su principal impulsor, apareció el Sionismo. Un movimiento que proclamaba el derecho de los judíos a tener una tierra propia en Israel (la Tierra Prometida bíblica). Esta iniciativa política nació en respuesta tanto a la “Ilustración Judía” (la Haskalah) como a las sucesivas oleadas de antisemitismo (y pogroms) que periódicamente sacudían Europa. Por sus orígenes políticos, el Sionismo tenía una fuerte componente identitaria y, por lo tanto, nacionalista.

El Sionismo dio un fuerte impulso a la Aliyah (la migración de judíos de “regreso” a Palestina) que ya había llevado a varias decenas de miles de judíos a instalarse en Jerusalén y otras ciudades palestinas. Durante esa época, sin embargo, la mayor parte de los judíos que huían de los pogroms tenían América como destino.

Fue a partir de 1917 (tras la declaración Balfour por la que el gobierno británico anunciaba su apoyo al establecimiento de un “hogar nacional para el pueblo judío” en Palestina) cuando la migración de judíos hacia Oriente Medio tomó un particular impulso. La persecución y exterminio judíos que los nazis protagonizaron desde su llegada al poder en 1933 aceleraron definitivamente el fenómeno y sentaron las bases, una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial, para la creación del Estado de Israel como consecuencia de la Resolución 181 de las Naciones Unidas (29 de noviembre de 1947) que recomendaba la creación de un estado judío en Palestina, aunque vinculado económicamente a los árabes residentes en Palestina. La declaración de independencia de Israel tuvo lugar el 14 de mayo de 1948.

Es importante no perder de vista este hilo histórico para tratar de entender el actual (mal) estado de las cosas en Palestina. Desde la fundación de Israel hasta la actual guerra de Gaza (y con las acciones militares derivadas de los últimos meses en Cisjordania, Líbano, Siria e Irán) se han sucedido un continuo de acciones militares en la región (Guerra de los Seis Días, Guerra del Yom Kippur, Intifadas, …) que han dejado un recuento enorme de víctimas mortales y de destrucción. No solo en Palestina (Israel y los territorios bajo la Autoridad Palestina) sino también en los países adyacentes (Líbano, Jordania, Egipto, Siria).

Cada acción bélica, por parte de uno de los contendientes, ha encontrado su respuesta por parte del otro. Sea bajo la forma bélica convencional o bajo la forma de terrorismo (o terrorismo de Estado). “Septiembre Negro” fue la organización palestina responsable de asesinar a deportistas israelíes durante los Juegos Olímpicos de Munich en 1972. Esta organización nació como resultado de la masacre de palestinos refugiados en Jordania, en septiembre de 1970, ordenada por el entonces monarca jordano, Hussein II, para responder a los intentos de los palestinos organizados y armados (los fedayines) que ponían en riesgo la propia organización de Jordania desde los campos de refugiados palestinos.

El ejemplo de “Septiembre Negro” ilustra con claridad el principio de acción-reacción que ha presidido la violencia política y militar en la región de Palestina durante el último siglo. Por esta razón, es esencial no perder de vista que las actuales victorias israelíes pueden significar futuras derrotas de los mismos israelíes en el futuro. Ni siquiera el imposible exterminio de uno de los bandos permite pensar que la única paz posible en Palestina es la paz de los cementerios.

Los extremistas totalitarios israelíes comparten con los extremistas totalitarios palestinos una misma visión: crear una tierra (en Palestina) “libre” desde el río (Jordán) hasta el mar. Es decir, una tierra en la que “los otros” han desaparecido. Exterminados o expulsados. Estas visiones resultan mutuamente excluyentes e imposibles de alcanzar como la historia (antigua y reciente) se encarga de recordarnos con desnuda crudeza: cada acción de muerte y destrucción del adversario genera una respuesta en dirección contraria, de duración e intensidad variables, que alimenta una nueva oleada de muerte y destrucción. En este contexto es cuando las propuestas más voluntariosas y quizás utópicas, como la de Nehvé shalom/Wahat-al-Salam/Oasis de paz, acaban por ser las únicas salidas posibles, razonables y duraderas.

En este marco, resulta de una importancia esencial que Europa juegue un papel determinante en la región. No solo por proximidad geográfica y todo lo que esta conlleva (destino de refugiados cada vez que hay una guerra, escenario de atentados cada vez que renace el terrorismo…) sino por responsabilidad moral. El ideario fundacional europeo, basado en los derechos humanos, el diálogo y la búsqueda del entendimiento como fórmulas para una paz duradera, resultan fundamentales para esta paz que Oriente Medio, Europa y el mundo anhelan y necesitan.

Josep Borrell  y Kalypso Nicolaidis se encargan de recordárnoslo en este relevante texto publicado hace pocos días en la revista Foreign Affairs.

C.V.M.

Josep Borrell (La Pobla de Segur, 1947): dirigent polític socialista, enginyer aeronàutic de formació (UPM), va completar els seus estudis amb la llicenciatura i el doctorat en econòmiques (UCM) i amb altres titulacions de postgrau a França i els EUA. La seva llarga trajectòria l’ha portat des de la política municipal (Ajuntament de Majadahonda) a la Vicepresidència de la Comissió Europea com a alt representant de la UE en Afers Exteriors i Política de Seguretat comuna, després d’encarregar-se de dos ministeris sota les presidències de Felipe González i de Pedro Sánchez. Diputat a les Corts espanyoles i al Parlament Europeu, va ocupar la presidència d’aquesta última institució. Actualment és president del CIDOB –Centre d’Informació i Documentació de Barcelona.  És autor de nombroses obres que van de les matemàtiques a l’economia i la política.

Kalypso Nicolaidis es una académica francesa de origen griego. Formada en la Sorbona y doctorada por Harvard en política internacional, es actualmente la profesora responsable de Política Internacional en el Instituto Europeo de Florencia. Autora de numerosos artículos y publicaciones, es una colaboradora habitual de la revista Foreign Policy.

Accesos directos al Dossier

– Parte 1 de 5:  La mirada palestina

– Parte 2 de 5:  La mirada israelí

– Parte 3 de 5:  El futuro en Palestina

– Parte 4 de 5:  El efecto en la región

– Parte 5 de 5:  Along the Green Line (A lo largo de la línea verde) (Audiovisual)