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La evolución de la socialdemocracia – Carles Martí

17 de julio 2025

Carlos Martí (*)

Socialismo democrático y socialdemocracia

El socialismo democrático es la ideología, la socialdemocracia y la organización política. La socialdemocracia ha sido siempre una gran organización vinculada al socialismo democrático, pero en varios momentos en el seno de la socialdemocracia han convivido diferentes ideologías y al mismo tiempo otros partidos o militantes de fuera de la socialdemocracia han podido representar también el socialismo democrático.

El socialismo democrático es una de las ideologías de la familia socialista. El gran movimiento teórico y político del socialismo nace a finales de la década de 1830, cuando los pensadores y activistas defensores de una reforma social radical, es decir que vaya más allá de simples cambios institucionales, destinada a conseguir la materialización universal (muy especialmente para los obreros y las nuevas clases explotadas bajo la revolución industrial) de todas las promesas llamados socialistas. Sin embargo, las propuestas de reforma social de los diferentes socialismos están lejos de tener los mismos fundamentos y de compartir las mismas prioridades y desde el inicio se dibujan tres corrientes socialistas que convivirán y con frecuencia se enfrentarán a lo largo de los siguientes decenios y hasta la fecha: el socialismo democrático, el socialismo comunista y el socialismo libertario o anarquismo.

Las diferencias básicas entre estos tres socialismos se expresan en el objetivo final de la reforma social (sociedad justa e inclusiva / comunidad sin clases / autogestión federativa) y se articulan a partir de sus posicionamientos en relación con tres cuestiones troncales para lograrla: el papel del Estado (primordial / instrumental / contraproducente), la centralidad política de relevancia del sufragio electoral universal (estratégica/táctica/nula). Unas diferencias que no tardarán mucho en cristalizar en tres ideologías distintas.

Tras Weitling, Cabet y Blanqui, el socialismo comunista adopta el pensamiento materialista de Marx y Engels y le mantiene como su referente fundamental a lo largo del tiempo con las aportaciones de Luxembourg, Lenin, Trotsky, Gramsci, Lukacs, Mao, Che Guevara entre muchos otros hasta llegar a nuestros días con autores como Zizek o Saito. El socialismo libertario nace de las ideas de Proudhon y evoluciona con Bakunin, Kropotkin y otros muchos pensadores hasta reencontrarlo en el marco de Mayo 1968 e incluso de Occupy Wall Street. El socialismo democrático tiene sus primeras formulaciones en Owen y Lerroux para seguir desarrollándose a partir de Blanco, Lassalle, Bernstein, Jaurès, Blum, Rosselli, Polanyi y tantos otros hasta llegar hoy de la mano de Heller, Bauman, Judt, Bobbio, Honneth, Rossanvallon.

La socialdemocracia, que toma su nombre genérico de las formas populares con las que se llamaban las listas conjuntas entre demócratas (la facción más radical de un republicanismo ampliamente mayoritario en los sectores progresistas y de izquierdas en el siglo XIX) y socialistas (los minoritarios partidarios de reformas sociales y económicas de gran alcance) que se presentaban a las elecciones alrededor de 1848 (los democ-soco de Francia y los socialdemokrates de Alemania) y sobre todo del gran lema socialista “Viva la República Democrática y Social”, nace como organización política al día siguiente del enorme impacto que provoca el estallido y el traumático final de la Comuna de París de 1871 en el conjunto del movimiento socialista. A diferencia de los socialistas libertarios, uno de los principales referentes ideológicos de la Comuna junto con el jacobinismo todavía fuertemente presente en ese momento, tanto los socialistas comunistas como los socialistas democráticos coinciden en que uno de los aprendizajes de este nuevo intento fallido de revolución popular (se añade a los intentos también frustrados de las revoluciones de las revoluciones de se quiere llegar a hacer posible el objetivo de la reforma social. Por eso, además de la acción sindical y más allá de la coordinación horizontal entre grupos tanto a nivel nacional como internacional (modelo AIT, conocida después como la Primera Internacional) es necesario organizarse, como muchas de las formaciones del resto del arco político ya han empezado a hacer, en partidos políticos. Partidos políticos unitarios de alcance nacional que serán el palo de pajar de una banda de entidades destinadas a hacer realidad la contracultura obrera (nuevos sindicatos, mutuas, ateneos, cooperativas, economatos, medios de comunicación…), que podrán obtener mejores resultados electorales y que además se integrarán en una gran estructura internacional compartida.

La socialdemocracia es pues la suma de todos los partidos socialistas unitarios (entre los socialistas comunistas y los socialistas democráticos porque, como es sabido, los anarquistas rechazan la forma partido que consideran tanto autoritaria como la iglesia o la empresa) que van configurándose, aunque con denominaciones diversas, en los diferentes países a finales del siglo XIX (desde el SP1875) 1905 pasando por el PSOE, los partidos laboristas anglosajones, el POSDR ruso y los partidos de Bélgica, EEUU, Italia o Austria-Hungría) y que están aglutinados por la Internacional Socialista (conocida después como Segunda Internacional), constituida en la fecha altamente simbólica del 14 de julio de 1889 Bruselas.

Desde entonces y hasta la fecha, con más o menos dificultades de implantación y desgraciadamente siempre con grandes problemas de trabajo conjunto y compartido entre los diferentes partidos, pero resistiendo todos los embates y erigiéndose en uno de los grandes actores políticos de estos 150 años, la socialdemocracia ha continuado existiendo, pasando por las diferentes etapas que después repasaremos.

 

Principios y valores del socialismo democrático

Las ideologías políticas son sistemas, es decir, conjuntos estructurados (jerarquizados y coherentes), de principios y valores orientados a construir una sociedad mejor que se convierte en su horizonte o utopía. Las ideologías incorporan también una ética política como guía para la acción individual y colectiva de quienes la comparten y unas líneas bastante de actuación para su despliegue. Queda después en manos de los partidos políticos que se reclaman fijar en cada tiempo y espacio su programa de implementación y desarrollo para hacerla avanzar, o evitar que retroceda, social y políticamente.

El socialismo democrático tiene unos principios compartidos con el conjunto de la Ilustración y con el movimiento socialista de los que forma parte y otros que le son propios y le singularizan. Los principios articulan y ordenan los valores que defiende, dándole carta de naturaleza ideológica. A sus valores iniciales han ido añadiendo otros con el paso del tiempo, muchos de ellos también compartidos.

Principios socialistas de raíz ilustrada:

. Racionalismo (la racionalidad es irrenunciable), universalismo (formamos una sola humanidad), progresismo (mejorar siempre es posible).

Principios propios:

. La libertad, la igualdad y la fraternidad son compatibles y no se puede sacrificar ninguna (no puede haber libertad sin igualdad, igualdad sin fraternidad, fraternidad sin libertad). Defender la libertad sociales, la igualdad de poder y la fraternidad universal lo hace posible.

. Sufragio electoral universal como fundamento del estado democrático (de todo el pueblo ciudadano, no sólo de la plebe o de la nación) y de su capacidad de intervención social y económica.

. Idealismo (las ideas son las que mueven el mundo y no a Dios, la historia, la economía, el ADN etc.).

Valores:

. Iniciales: justicia social, paz, solidaridad, laborismo, acuerdo (parlamentarismo y pactos sociales), reconocimiento e inclusión, secularización.

. Incorporados paulatinamente: feminismo, federalismo (incluyendo municipalismo y europeísmo), ecologismo.

Estos principios y valores sitúan al socialismo democrático, como el resto de socialismos, quisiera subrayarlo en el anticapitalismo. Desde sus primeras formulaciones, el socialismo democrático no se considera incompatible ni con la propiedad privada ni los mercados, que se pueden y deben gobernarse desde la política, pero sí completamente contrapuesto al capitalismo, es decir a la ideología (hoy rebautizada como neoliberalismo) que postula el funcionamiento del mercado autoregulado como el centro de consecuencias asumidos.

Siguiendo el esquema expuesto anteriormente, pero sin alargar demasiado este texto, añadiré que la ética que comporta el socialismo democrático es la del convencimiento, es decir la de la acción desde las convicciones íntimas y al mismo tiempo de la no imposición, lo que obliga a respetarse a uno mismo ya los demás (implicando tolerancia, compromiso, honestidad y honestidad) redistribución de renta, conocimiento y poder y el establecimiento de derechos (en cada vez más campos y para cada vez más personas). También, como hemos mencionado antes de paso, que la utopía del socialismo democrático es la utopía societaria, la utopía de una sociedad justa, inclusiva y solidaria.

Etapas de la socialdemocracia

En 150 años, la socialdemocracia ha experimentado una evolución significativa marcada por sus adaptaciones a los cambios sociales, económicos y políticos. Éstas son, en mi opinión, sus principales etapas y transformaciones:

. 1875-1919

En los partidos unitarios de la socialdemocracia inicial conviven siempre dos ideologías, el socialismo democrático y el marxismo. En algunos partidos y sobre todo en la Internacional se intenta una síntesis entre ambas (Kautsky se erigirá en el referente de este intento) pero en la mayoría de los partidos, pese al apoyo de todos al camino y al trabajo unitarios, hay dos corrientes que luchan por hacerse con la dirección del proyecto. En el mundo anglosajón el socialismo democrático que defienden las trade-uniones en las que se basan los partidos laboristas siempre será muy mayoritario, mientras en España o en Italia, por ejemplo, el marxismo es casi hegemónico en este período. En Alemania y en Francia, en cambio, la pugna entre las dos corrientes da mayorías cambiantes: en el congreso fundacional del SPD en Gotha en 1875 obtienen la mayoría los lassallians, socialistas democráticos, pero en el congreso de Erfurt en 1891 los marxistas alcanzan finalmente el rumbo del partido, un rumbo con el rumbo del 1899 con sus tesis revisionistas; a su vez, las enormes dificultades para llegar al congreso de unidad francés de 1905 tienen que ver entre otros con el pulso entre ambas corrientes, representadas por Guesde, el marxista, y Jaurès, el democrático.

Sin embargo, a pesar de las discrepancias teóricas y los énfasis ideológicos diferenciados, todos los partidos de la socialdemocracia coinciden en una práctica política muy similar: presión con huelgas y manifestaciones muy importantes en defensa de un “programa máximo”, equilibrada con la participación en las elecciones y el parlamentarismo junto con la negociación con gobiernos y empresas. A caballo del gran aumento de las masas obreras en estos años, la estrategia funciona y la socialdemocracia cada vez tiene más militantes, más apoyo electoral y mayor capacidad de influencia para obtener sus demandas generando un círculo virtuoso de crecimiento y éxito social y político.

. 1920-1945

Al día siguiente de la Primera Guerra Mundial, el panorama ha cambiado, pero completamente. La fractura de la socialdemocracia a raíz del conflicto bélico, entre defensivos que votan los créditos de guerra en sus respectivos parlamentos, pacifistas que llaman a no secundarla y tacticistas que quieren aprovecharla para que estalle la revolución, arrastra a la Internacional a una división irrecuperable que se consolida definitivamente 1917-1921 y la creación de la Internacional Comunista (luego llamada Tercera Internacional). Una nueva Internacional que conlleva escisiones a todos y cada uno de los partidos socialistas que dejan de ser unitarios con la aparición de nuevos partidos sólo comunistas. La socialdemocracia pasa entonces a quedar en manos de los socialistas democráticos que, espoleados por la consecución en muchos países del sufragio universal (masculino) y por otros cambios sociológicos y políticos fruto de la guerra (de entre los que destaca la toma de conciencia general de que el Estado puede gobernar la economía), obtienen muy buenos resultados en las elecciones y de Reino Unido, Francia o Alemania. El balance de los gobiernos liderados o con participación socialdemócrata es bueno (muchísimos avances sociales comienzan entonces: seguros de paro, pensiones, vacaciones pagadas, etc.) pero sus políticas chocan con la gran crisis de 1929 (que sólo podrán afrontar con éxito la socialdemocracia sueca y el ala socialdemócrata del Partido lleva de una forma u otra, y quedan en muchos lugares abocados a la clandestinidad y la resistencia.

Durante estos años, aunque la práctica está completamente alejada y que en muchos momentos los enfrentamientos con los socialistas comunistas son virulentos (a pesar de la excepción de los Frentes Populares en algunos países), el discurso marxista sigue muy presente en los textos de la socialdemocracia, debido en gran parte a su pasado todavía reciente y sobre todo al hegemonia de izquierdas después de que la victoriosa revolución (por primera vez desde 1789 triunfa una revolución socialista) soviética llegara de su mano.

. 1946-1989

El resultado de la Segunda Guerra Mundial vuelve a llevar a la socialdemocracia a la primera línea política en los países occidentales democráticos (en el bloque oriental, el comunismo se refuerza y se blinda definitivamente mientras en el bloque occidental todavía perduran algunas dictaduras fascistas como en España o Portugal). La legitimidad que le aporta su lucha antifascista, la referencia del New Deal rooseveltiano y de las reformas socialistas suecas, el nuevo acicate al sufragio universal (esta vez también femenino) en las nuevas constituciones de posguerra y la enorme voluntad social de cambios estructurales para evitar que el mundo vuelva a caer en el horror de una guerra mundial empujan este resurgimiento de la socialdemocracia. Su programa plenamente inspirado por el socialismo democrático (economía mixta, estado del bienestar universal, derechos laborales y pacto de rentas trabajo-capital, europeísmo y multilateralismo internacionalistas) tiene el apoyo electoral mayoritario o influye decisivamente en los gobiernos de muchos países, transformándolos decisivamente y asentando las bases del modelo europeo de gobernanza y desarrollo en un pacto. La reconstrucción de Europa a partir de los cimientos del socialismo democrático es un éxito y un hito de igualdad y prosperidad. De rebote y encabezada por el SPD en 1959, la socialdemocracia abandona explícita y progresivamente el marxismo como referente teórico.

Las revueltas postmaterialistas de Mayo de 1968 y las grandes crisis económicas de los años 1970 rompen, pero esta situación y la socialdemocracia empezar a declinar debido a diversos factores estructurales (dificultad de los gobiernos socialdemócratas para controlar la inflación; cambios sociológicos profundos, como el declive de la clase obrera tradicional y el ascenso de la clase obrera tradicional; amenazan la sostenibilidad del estado del bienestar;

España, que ha vuelto a la democracia en 1977-1978, y el PSOE, que ha abandonado el marxismo en su Congreso de 1979, son sin embargo una excepción y los resultados electorales llevan a partir de 1982 un ciclo de 14 años de gobierno socialista democrático en el país.

En paralelo, el neoliberalismo (que hace bandera de las bajadas de impuestos y el desmantelamiento del estado del bienestar y de las políticas de regulación e intervención de la economía), tras arrinconar a la democracia cristiana y los conservadores tradicionales en el campo de la derecha, se erige en respuesta a las crisis1979, obteniendo el 1980 Bretaña y en EE.UU. La caída del Muro de Berlín en 1989 y el derrumbe completo del bloque soviético que sigue consolidan la hegemonía teórica y social del neoliberalismo en el mundo occidental, a caballo de la promesa de prosperidad sin límite que ofrecen la globalización incipiente y la explosión de las TIC, hasta hablar de la llegada de “el fin del”.

. 1990-2019

Ante la ola neoliberal que parece imparable y avalada por los signos del tiempo, la socialdemocracia lejos de hacer frente sobre la base de los principios y valores de referencia del socialismo democrático, de su trayectoria de conquistas sociales y políticas y de su distancia tradicional con el socialismo comunista, acepta el marco teórico de su neoliberalismo y busca ideología liberaldemócrata como la meritocracia o la reducción de la redistribución, en lo que Giddens bautizó como la tercera vía (entre socialismo y neoliberalismo) y que se acerca mucho a los postulados del partido Demócrata americano.

Aunque al principio la receta funciona y algunos partidos socialdemócratas (también los Demócratas americanos) vuelven al gobierno en los años 1990 como recambio y moderación de las tesis neoliberales más desbocadas, el giro ideológico provoca mucho desconcierto entre los sectores más activos de la izquierda, dando pie entre otros al ecologismo. sectores como los trabajadores de los servicios públicos, y sobre todo se revela como un error estratégico de primera magnitud cuando estalla la gran crisis de 2007 (primer financiera, después económica, más tarde social y finalmente política) fruto de la aplicación sin freno ya gran escala de las tesis neoliberales. neoliberalismo comporta primero que la respuesta inicial de las instituciones sea una austeridad ortodoxa y ciega que sólo hace que agravar los problemas y segundo que los comunitarismos identitarios de todo tipo (populistas, ultranacionalistas, fascistas, religiosos…), que parecían enterrados en la tumba de la Segunda Guerra Mundial, puedan volver a aparecer y después ser vistos y puedan ser vistos y puedan ser vistos en la escala local, como nacional o europea. El Brexit y la primera victoria de Trump en EE.UU. en el 2016 son el momento álgido del inicio de este fenómeno.

El resultado para la socialdemocracia es una pérdida alarmante de apoyo electoral, de capacidad de influencia social y de liderazgo político en todas partes, incluso después del final de la crisis en 2014 una vez la UE cambió el rumbo, conjurando la crisis del euro y de la deuda soberana y abriendo la mano a políticas de gasto e inversión pública, y el reanudación del comercio mundial. La foto de ese debilitamiento general de la socialdemocracia y del cambio de paradigma político en Occidente con la presencia ya ineludible de la extrema derecha son los resultados de las elecciones europeas de 2019 en las que la suma de los escaños conservadores y socialdemócratas ya no llegan a la mayoría.

. 2020-?

Pese a los grandes retos globales soltados por la caja de Pandora de las políticas neoliberales abierta en el 2007, los meses de la pandemia de la covid-19 candados con los del inicio de la invasión rusa de Ucrania en el 2020-2022 parecen significar un punto de inflexión. Escarmentada de la respuesta equivocada a la crisis de 2007 y espoleada por el Brexit, con un fuerte protagonismo del socialismo español (que en 2018-2019 ha vuelto al gobierno con una línea inequívocamente de socialismo democrático), la UE adopta con éxito, para combatir esta doble crisis tan aguda y que a la vez afecta a la doble crisis tan aguda y que afecta a la misma según la Segunda Guerra Mundial: cooperación a escala europea e internacional, intervención en los mercados y políticas de gasto público para estimular la economía y preservar los puestos de trabajo.

Parece pues que las propuestas del socialismo democrático, que la inmensa mayoría de los partidos socialdemócratas han vuelto a hacer suyas tras el paréntesis de la tercera vía, adquieren de nuevo la centralidad política, lo que respalda la victoria electoral de nuevo de la socialdemocracia en algunos países europeos (singularmente Alemania).

Pero una vez mínimamente estabilizada la situación, los grandes retos globales no resueltos (a los que haremos mención seguidamente), vuelven al primer plano (y se agravan retroalimentándose) y antes de que la socialdemocracia sea capaz de rearticularse ideológica y políticamente, una segunda ola de comunitarismo identitario, esta vez más de extrema derecha que popular Trump, esta vez al frente) y ahoga su posible reanudación. Los únicos grandes países del mundo en los que gobierna hoy la socialdemocracia son España, Reino Unido, Australia y Corea del Sur.

Esto no quiere decir que el socialismo democrático y la socialdemocracia no sigan vivos y no sean todavía en esta tercera década del siglo XXI el referente ideológico y el referente político de millones de personas, en particular en muchas grandes ciudades, en Europa y en todas partes. Pero para volver a encontrar el apoyo y el impulso de amplias mayorías de ciudadanos y ciudadanas, es necesaria una nueva estrategia para convertirse de nuevo en una auténtica alternativa al mundo presente. La clave es conseguir que se vea posible el progreso, es decir que la esperanza de un futuro mejor parezca realista y permita superar la angustia existencial en la que consciente o inconscientemente se encuentran muchísimas personas en nuestras sociedades fruto de la enormidad y la dureza de los retos globales contemporáneos (geopolíticos, demográficos, climáticos, climáticos). En el pasado, en condiciones también muy complejas, la socialdemocracia, de la mano de las propuestas del socialismo democrático, lo ha representado y ahora puede volver.

(*) Carles Martí Jufresa es licenciado en Filosofía y político socialista. Actualmente es el secretario del Área de Programas, Prospectiva y Memoria Histórica del PSC.