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Federando - Francesc Trillas

29 2025 octubre

Francesc Trillas (*)

El pasado 24 de octubre tuvo lugar la sexta Convención Federalista de la Fundación Rafael Campalans, con la colaboración de la Fundación Ebert, que desde el principio ha mostrado su interés en participar en el proyecto. La primera se celebró en 2015, con presencia del ex primer ministro italiano y entonces presidente de la Fundación del Partido Socialista Europeo, Massimo D'Alema. Desde entonces, las diferentes ediciones de la Convención Federalista han formado parte de la resistencia federal al soberanismo, que ha tenido expresiones en asociaciones, clubs de opinión blogs, libros, e incluso programas de Twitch y un documental (Federal, dirigido por Albert Solé).

Cuando celebramos la primera edición (con la determinación de José Montilla y Miquel Iceta), lo hacíamos bastante contracorriente, cuando algunos abandonaban las fuerzas del federalismo de izquierdas para sumarse acríticamente al procesismo, pensando que surgía una nueva centralidad que sería imparable. Diez años después, con un federalista en la Presidencia de la Generalitat, podemos estar orgullosos del camino recorrido, pero no debemos aflojar. El adversario es hoy el nacionalpopulismo autoritario, que sopla con fuerza desde la Casa Blanca y desde Moscú, y que tiene antenas emergentes en nuestra casa.

A veces, algunos de los que más han hecho a menudo para frenar el federalismo (hizando diferentes banderas) nos reclaman una “hoja de ruta”, una “agenda” de reformas formales (como las que ellos han propuesto para topar con la realidad), seguramente para hacerlas imposibles y cabalgar el descontento. Hay períodos en la historia donde puede haber reformas formales, constitucionales (en España o Europa) que nos permiten avanzar en el federalismo. Hoy, que es difícil pactar incluso unos presupuestos, debemos avanzar por la vía de los hechos y por la vía de resistir los cantos de sirena del soberanismo uniformizador (permaneciendo atentos a cualquier oportunidad de realizar cambios formales). Debemos defender y sacar el máximo provecho en términos de bienestar, del federalismo que ya tenemos. Debemos avanzar en el federalismo de los hechos.

Esto es lo que dicen los Informes Letta y Draghi: debemos integrar más Europa para mejorar la productividad. Esto es lo que nos dice Piketty: debemos federarnos para combatir la competencia fiscal a la baja y las desigualdades globales. Esto es lo que nos dice Javier Cercas, cuando habla de la federación europea como la única utopía razonable, contra la distopía nacionalista de crear naciones puras y homogéneas.

Una España europea, democrática y federal, 50 años después de la muerte del dictador, 40 años después de la entrada en el Mercado Común, haría orgullosos a los federalistas españoles y catalanes como Salvador de Madariaga o Enric Adroher “Gironella”, nuestros abuelos políticos, que estuvieron en el Congreso de la Haya, donde se pusieron las bases del Proyecto.

Pero no debemos quedarnos en el recuerdo, sino utilizarlo para impulsar los proyectos de futuro por un federalismo popular y no elitista, dando protagonismo a las jóvenes generaciones, hoy seguramente el grueso de los “federalistas sin saberlo” cuando se movilizan por Gaza o contra Trump, entre otras causas nobles.

El papel del federalismo en la lucha contra el populismo autoritario (llamado “soberanismo” en Italia y Francia) nos recuerda el lema del Movimiento Socialista de Cataluña, embrión del actual PSC y fundado por militantes del POUM, que extraían lecciones de la lucha contra el fascismo de los años 30: “Federación, Democracia. Éste mismo sigue siendo el lema delAdelante!, la publicación oficial del PSC actual.

Contra las soluciones estado por estado, muro por muro, oponemos el federalismo de los hechos: en las vacunas de la cóvida (“a cada uno según sus necesidades…”), los fondos Next Generation, el Corredor del Mediterráneo, la cogovernanza durante la pandemia, el parque fluvial (y federador, cosiendo barrios y municipios con la ayuda de fondos que mejoran la calidad de vida de las personas y superan jurisdicciones y fronteras.

Ante el federalismo de los hechos tenemos el nacional-soberanismo de las entelequias y el retroceso, con diferentes acentos y grados de gravedad: el proceso, el trumpismo, los enemigos de la UE y de la integración en la diversidad. Contra ellos, el federalismo hoy se asocia al paradigma de la prosperidad compartida (o de compartir por prosperar): contra la competencia fiscal a la baja y el soberanismo impositivo.

En algunos períodos se trata de avanzar, y en otros de no retroceder, pero la estrategia dominante siempre es la misma: ser fieles al lema de nuestros abuelos políticos: “Federación, Democracia y Socialismo”. El debate hoy entre los demócratas es qué federalismo. Adelantaremos por la vía de la deliberación y por la vía de la práctica. La sexta convención federalista ha sido un paso más. Y las que vendrán, también.

(*) Francesc Trillas es secretario de Asuntos Económicos y Fondos Europeos de la Generalitat de Catalunya.