Carmen Alborch nació en Castellón de Rugat (Valencia) el 24 de octubre de 1947. Pertenece a la generación que, siendo aún muy joven, asumió responsabilidades públicas en los años de la Transición y la construcción de la democracia en España, convirtiéndose en una referencia por su decidida tarea en el campo de la cultura, siendo ministra de dicho departamento entre 9 González, y mostrándose siempre como una activa feminista, tanto en su actividad política como personal y literaria.
Estudió Derecho en la Universidad de Valencia donde se licenció en 1970 y se doctoró en 1973. Allí ejerció como profesora de Derecho Mercantil, siendo elegida directora del Departamento y más adelante la primera mujer decana de la Facultad. En dicho cargo mostró por primera vez su temperamento valiente y determinado y sus fuertes convicciones democráticas, enfrentándose a los grupos ultraderechistas que campaban por sus anchas intimidando a toda la comunidad universitaria y que habían convertido dicha Facultad en su territorio ante la inacción de las autoridades académicas. Su determinación, no sin asumir riesgos, consiguió terminar con esta situación, limpiando la Facultad de dichos elementos y devolviéndola a la normalidad académica.
Su interés por la cultura y su figura pública de creciente proyección hicieron que el consejero socialista Ciprià Ciscar la llamara para encargarle la Dirección General de Cultura de la Generalitat valenciana, para pasar en 1988 a sustituir a Tomàs Llorens al frente del Instituto Valenciano de Arte Moderno, creado en 1985 y que es la más importante institución de arte contemporáneo del País Valenciano y de las más destacadas en toda España. Su gestión le valió el reconocimiento del mundo cultural español e internacional, logró dos ampliaciones de las instalaciones y colocó el IVAM en el circuito internacional. Ello fue argumento suficiente para que, siendo aún independiente, tras las elecciones de 1993, Felipe González la llamara a contribuir al esfuerzo de renovación del socialismo español nombrándola ministra de Cultura. No pasó inadvertida; pronto se convirtió en una referencia tanto de la renovación socialista como de la cultura española y también del feminismo, una actitud que mostró de diversas formas en todo momento. A estas alturas, Alborch aparecía como una política competente, con una fuerte y atractiva personalidad y como una mujer que ella misma era un mensaje feminista.
Tras la derrota socialista de 1996, se afilió al PSOE, encabezando la candidatura por la provincia de Valencia y siendo elegida diputada, y reelegida en los años 2000 y 2004. En 2007 encabezó la candidatura del PSPV a la alcaldía de Valencia, permaneciendo como concejal de la o6 hasta 2. senadora, siempre por su provincia natal.
Más allá de su actividad como jurista, gestora cultural y política, tuvo una auténtica vocación ensayística muy ligada a sus convicciones feministas ya su experiencia vital, que se manifestó en la prensa y en sus libros. Escribió: Solas. Gozos y sombras de una forma de vivir (1999) Malas. Rivalidad y complicidad entre mujeres (2002) Libros. Ciudadanas del mundo (2004) La ciudad y la vida (2006) año Los placeres de la edad (2014). En uno de sus textos resume bien su posición en el mundo, que fue intelectual y vital: "Somos feministas, responsables, alegres y libres. Y todo esto contribuye a la dignidad de las mujeres".
Carmen Alborch se convirtió, por su talento, por su carisma y por la firmeza de sus convicciones, en una referencia en el mundo cultural, siempre defendiendo valores democráticos y progresistas, y también en una referencia en la lucha por la emancipación de la mujer, la bandera que siempre empuñó con coraje.
En 2018, tras un largo período de sufrimiento, murió de cáncer el 24 de octubre, a los 70 años, en Valencia. Habiéndose ganado el respeto de sus contrincantes y el afecto y admiración de sus compañeros y de sus conciudadanos.
JFS

