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Norberto Bobbio (1909 – 2004)

19 septiembre 2022

Norberto Bobbio (1909 – 2004)

En el contexto del polarizado siglo XX, el gran filósofo italiano N. Bobbio quiere, y logra, construir un socialismo que no renuncia a la libertad para establecer la justicia social, ni al pluralismo para forjar la igualdad de todos los seres humanos.

Publicado un Blog Pensament Socialista el 21 de julio de 2022


Por Carles Martí y Jufresa

La vida casi centenaria del filósofo italiano Norberto Bobbio, nacido en Turín en 1909 y fallecido también en Turín en 2004, lo convierte en un hombre plenamente contemporáneo del siglo XX, este siglo corto que los historiadores inician con la revolución bolchevique de 1917 y cierran con la caída del muro de Berlín y sus enormes consecuencias en 1989. Es el siglo de la polarización entre comunismo y fascismo (al poder en Italia ya desde 1922) primero y de la guerra fría entre el bloque occidental y el bloque soviético a partir de el fin de la Segunda Guerra Mundial en 1945.

Tanto en su actividad política, que comienza ya en 1934 en la oposición a Mussolini y durará hasta el final de su vida como senador vitalicio, como en su obra teórica, que también muy pronto -en 1940- se orienta en la política y ya no dejará de hacerlo, N. Bobbio luchará, de forma constante y firmemente, para que se abran un espacio y un pensamiento políticos que escapen de esas dicotomías que presiden su mundo. Este espacio y ese pensamiento, que se confrontan tanto con el fascismo, como con el comunismo, como con el liberalismo, son los de un socialismo que no quiere renunciar a la libertad para establecer la justicia social ni al pluralismo para forjar la igualdad de todos los seres humanos.

Hijo de una familia de la burguesía ilustrada de la ciudad, Bobbio estudia derecho y filosofía y enseguida se convierte en profesor de la Universidad de Camerino. En 1948 accede la cátedra de Filosofía del Derecho a la Facultad de Derecho de la Universidad de Turín y en 1972, después de sentirse especialmente interpelado por todo el debate social y político en torno a mayo del 68, acepta la cátedra de Filosofía Política en la recién creada Facultad de Ciencias Políticas de la misma universidad, donde se jubilará en 1979. El pensamiento de Bobbio es, por tanto, un pensamiento de raíz académica, un pensamiento que sigue la trayectoria de su actividad como profesor . Así, los primeros años de su reflexión teórica están centrados en la filosofía jurídica y en la teoría del Estado para pasar después a la teoría de la justicia y finalmente adentrarse en la filosofía política. En todos estos campos obtiene un fuerte reconocimiento intelectual y una importante proyección en los debates públicos donde también es muy contestado, debido en parte a su explícita militancia (en el Partito de Azione hasta su disolución después de la guerra, al PSI donde tiene serias discrepancias con B. Craxi y finalmente en el PD).

El pensamiento de N. Bobbio parte pues del análisis del Estado, de su formación y legitimidad y de su funcionamiento (siguiendo particularmente a H. Kelsen y profundizando sobre todo en el estado moderno). Y, en el marco de este análisis, Bobbio encuentra que existe una contradicción de partida entre el carácter liberal con el que nace el estado moderno, que busca la liberación del absolutismo y la eclosión del individuo limitante el poder del Estado, y la democracia, que es sobre todo distribución de poder pero no su limitación (la prevención frente al absolutismo es para los demócratas el equilibrio de poderes) y, además, su ley de la mayoría choca frontalmente con el individualismo. Es de hecho la contradicción teórica entre la libertad de los modernos, es decir la libertad individual entendida como no dominación y supresión de impedimentos (I. Berlin llamó la libertad negativa o Libertad de) que sustenta el estado liberal, y la libertad de los antiguos, es decir la libertad política, la libertad distributiva y de participación (también libertad positiva o libertad para) que guía la democracia.

Sin embargo, Bobbio piensa que la oposición entre estado liberal y democracia sólo es parcial porque ambos requieren el establecimiento de los derechos fundamentales (aunque no coincidan plenamente en cuáles son esos derechos y cuáles son los deberes que siguen) y ambos representan la visión contractualista de la sociedad, que relega el organicismo comunitario del antiguo régimen y donde el individuo está por encima de cualquier soberano (aunque no coincidan plenamente en lo que entienden por individuo, totalidad completa uno y unidad indivisible pero componible, la otra). Además, Bobbio ve la contradicción entre la libertad negativa y la libertad positiva no como una antítesis sino como una sucesión: la libertad positiva es un paso más de la libertad que incluye y acumula la libertad negativa. De este razonamiento, extrae la conclusión de que el estado liberal ciertamente, como sucedió en gran parte de Europa hasta después de la Primera Guerra Mundial, puede no ser democrático, pero que, en cambio, todo estado democrático debe ser primero liberal.

A su vez, dando un paso más, Bobbio cree que la libertad positiva queda englobada y superada por la libertad de poder, la que más allá de la autonomía y la participación aporta resultados efectivos en la vida de las personas. Y esa libertad de poder necesita para desplegarse, no sólo el estado democrático, sino el estado social, donde los poderes públicos garantizan derechos fundamentales individuales y políticos pero también derechos sociales y económicos.

Por lo que respecta a la igualdad, Bobbio la considera una relación, una función comparativa entre dos situaciones más que un bien sustantivo (a diferencia de la libertad, que valora como un bien intrínseco de los individuos y, en este sentido, la califica de superior) y la entiende estrechamente ligada a la justicia, de acuerdo con su regla de tratar igual a los iguales y desigualmente a los desiguales (la justicia según Bobbio tiene dos principios, la legalidad y la igualdad). También aquí establece una escala de progresión para la igualdad que va desde la igualdad jurídica y frente a la ley hasta la igualdad de hecho, pasando por la igualdad de derechos y la igualdad de oportunidades. Así, buscar la igualdad de hecho, buscar la máxima igualdad posible y que él llama igualitarismo, es lo que diferencia a la izquierda de la derecha en política: Bobbio dice textualmente, en uno de sus libros más famosos, “la estrella polar ”, lo que realmente orienta y da sentido a esta distinción. Una distinción que mientras no se alcance la igualdad de hecho (lo que parece difícil y lejano si es que no es en realidad un horizonte más que un objetivo completamente alcanzable) permanecerá presente y central en la política moderna. Pero una distinción que no agota las diferencias políticas porque cruzando el criterio de la libertad nos da un cuadro con diferentes izquierdas y derechas.

Y es en este esquema teórico en el que Bobbio posiciona su socialismo y al mismo tiempo las diferentes corrientes del pensamiento político moderno que le rodean y a las que lo contrapone. Para Bobbio, pues, el socialismo es la aspiración conjunta a la máxima libertad (la libertad de poder) y a la máxima igualdad (el horizonte de la igualdad de hecho) y, por tanto, debe ser liberal pero sobre todo democrático y social. Es decir, que el socialismo debe articular, haciéndolos compatibles, el estado de derecho (derechos fundamentales individuales e inviolables) y la igualdad ante la ley con el estado democrático (poder distribuido entre todos) y la iniciativa de las mayorías y especialmente con el estado social (intervención publica en los ámbitos sociales y económicos) y la garantía de la igualdad de derechos. Los caminos para hacerlo posible, unos caminos que se retroalimentan y son coherentes entre sí, son los del respeto en todo momento y sin excepciones a la legalidad vigente, la democracia en toda su extensión como forma de gobierno y relación social, y la satisfacción de las necesidades humanas en base a la redistribución y el estado del bienestar. A estos caminos también debe añadirse el camino de la paz, de la paz duradera entre las personas y los pueblos a todos los niveles, desde los más cercanos al nivel mundial, que Bobbio propone construir a partir de los derechos humanos universales y de lo que llama pacifismo jurídico (por oposición al pacifismo de la disuasión o al de raíz ético-religiosa) basado en la idea de la cesión de soberanía a un tercero imparcial para la resolución de los conflictos.

Siguiendo este esquema de pensamiento político, el comunismo es la doctrina que postula que se puede alcanzar, y de hecho es la única forma de llegar a ella, la igualdad de hecho prescindiendo de cualquier libertad (“libertad para qué?”) había dicho Lenin después de la revolución) y el fascismo la que niega el valor de toda libertad y de cualquier igualdad para defender a un comunitarismo modernizado de base nacional o racial. A su vez, el liberalismo clásico (hoy curiosamente rebautizado como neoliberalismo) es una formulación que se queda en la libertad negativa y la igualdad ante la ley, es decir refractaria a la democracia, mientras las corrientes liberaldemócratas asumen la libertad positiva y la igualdad de derechos (algunos incluso la de oportunidades). Bobbio destina muchas páginas a fundamentar y contrastar estas posiciones, sobre todo en relación al pensamiento comunista, hegemónico a la izquierda italiana durante todo el siglo XX.

La obra de Bobbio es, pero una obra queridamente alejada de los grandes trabajos de síntesis, sistemáticos y totalizadores, y está sobre todo formada por artículos en revistas académicas o políticas (muchos de sus libros son compendios de artículos), conferencias, cursos y breviarios , a menudo con finalidad didáctica, divulgativa o polémica. Fruto de muchas horas de reflexión y no menos rigurosos que cualquier tratado, son siempre textos claros, comprensibles y transparentes en sus argumentaciones que también han sido atacados de simplistas y obvios (en italiano y castellano, el juego de palabras entre ovvio/obvio y bobbio es muy directo).

En cualquier caso, su obra es coherente con su forma de entender la filosofía, más analítica que hermenéutica, más metodológica y conceptual que discursiva, así como con su forma de entender el pensamiento político, especialmente contraria a la ideología. Bobbio se considera a sí mismo un pensador laico, sin los lazos teóricos ni tampoco los políticos que atribuye a las ideologías (estructuras de pensamiento compactas, rígidas y cerradas) y aprecia mucho más la referencia de las conductas morales y las iniciativas políticas concretas personales que la solidez y la contundencia de las líneas marcadas por escuelas de pensamiento o colectivos de acción política. Por eso, siempre muy exigente consigo mismo, se siente especialmente incómodo con un episodio de su vida, un escrito complaciente que en 1935 dirigió a Mussolini para evitar la cárcel y sobre lo que publicó una autocrítica muy severa en 1992. 

Sin duda, Norberto Bobbio es un reformista antirrevolucionario y sus valores de referencia son los de la democracia, es decir la tolerancia, el pluralismo, la no violencia y la moderación (entendida como la ponderación entre fines y medios y la evaluación a priori de las consecuencias) pero demasiado a menudo se le ha descalificado de entrada con la etiqueta de socialista liberal, cuando esta consideración corresponde a una lógica interna de su pensamiento y no a su posicionamiento político, que es inequívocamente el del socialismo democrático . Por lo menos es lo que yo creo. 

Para hacerse una idea propia de forma relativamente rápida del sugerente, vastísimo y matizado pensamiento político de este gran filósofo socialista del siglo XX todavía muy vigente, recomiendo la lectura de tres de sus libros: “¿Qué socialismo?” escrito en 1976 y publicado en España en 1977 por Plaza y Janés; “Liberalismo y Democraciaeditado en Italia en 1985 y por FCE en castellano en 1989; y “Derecha e Izquierda” aparecido en 1994 y en una segunda edición en 1995 y rápidamente publicado en España por Taurus el mismo año.