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Jornada "La mejora del autogobierno de Cataluña". (16/9/2022)

16 septiembre 2022

La mejora del autogobierno de Cataluña

Intervención del primer secretario del PSC y jefe de la oposición al Parlament de Catalunya, Salvador Illa, en la Jornada sobre "La mejora del autogobierno de Cataluña", organizada por el PSC y por la Fundació Rafael Campalans.


Primera intervención

Muchas gracias, también, en primer lugar, al Ferran Pedret ya la Fundación Rafael Campalans para organizar esta jornada de reflexión sobre la mejora del autogobierno ya todos los que asiste y participa en las tablas que haremos a continuación y, también, a todos los que nos siguen telemáticamente.

Y muchas gracias porque yo creo que la clave de vuelta de la política catalana y, en parte, de la Española, también está, justamente, en la mejora del autogobierno. Aquí encontraríamos destornoillalador que permitirá con esfuerzo y mucho trabajo, y un cierto nivel de profesionalidad política, a llegar, en un horizonte cercano, a encontrar un nuevo consenso amplio en la sociedad catalana. En un momento de cambios de época, de cambios muy de fondo en el mundo, en el que si las sociedades no tienen un mínimo de cohesión, es muy difícil que puedan esquivar los riesgos, que están e importantes, que se nos presentan y tengan capacidad de aprovechar las oportunidades, que también están ahí, que se ofrecen.

Por tanto. Creo que es muy adecuado y relevante reflexionar sobre estos aspectos. Ferran tiene la encomienda de conducir la reflexión colectiva que hacemos desde nuestro espacio político en este sentido. Y yo también quiero empezar diciendo que, después de agradecer la asistencia a las propias jornadas, decir que yo también soy un defensor del gradualismo y no de actitudes maximalistas del todo o nada. Nunca se ha avanzado con planteamientos de todo o nada. Siempre se ha avanzado con posturas gradualistas, algo lo que apuntaba el Presidente – es menos épico seguramente leer y estudiarse una ley orgánica, pero hace mucho trabajo y se consiguen cosas e ir avanzando paso a paso, con actitudes gradualistas, aprovechando coyunturas favorables, evitando obstáculos que se te presentan, pero teniendo un horizonte claro y con una actitud, insisto, gradualista.

Yo también la reflexión que quería hacer, a raíz del planteamiento inicial que ha hecho el Presidente, va bastante en la línea de lo que ha dicho la Meritxell. Yo creo que hay un trabajo previo, que no hubiésemos tenido que hacer en 2009 y 2010, pero que estos últimos 10 años nos obligan a plantearnos abiertamente ya decirnos, como actores en la vida política de Cataluña, que debe hacerse.

Meritxell ha apuntado bastantes de los temas que ha suscitado el planteamiento inicial del President. Yo señalo cuatro puntos previos, de alguna forma, que en estos últimos 10 años nos obligan a reconsiderar.

El primero, tener claro que tenemos una voluntad de autogobierno. No hace 50 años ni hace 10 que un Presidente de la Generalitat dijo que el autogobierno era un obstáculo en la Independencia de Catalunya. Un obstáculo. Esto es grueso. Por tanto, lo primero que debemos decir es que tenemos una voluntad de autogobierno, que va en la línea de lo que Vicenç Vives señalaba como “la característica de Cataluña”, lo que daba la razón de ser a los catalanes que era la voluntad de ser. Fuera del racionalismo francés o el romanticismo alemán, la voluntad de ser, que puede plasmarse en una voluntad de autogobierno.

¿Queremos o no queremos autogobernarnos? Yo creo que sí, la mayoría de la ciudadanía de Catalunya quiere un autogobierno, quiere unas instituciones propias. No sólo por administrar, sino por dar un encauzamiento institucional a la voluntad de ser del pueblo de Catalunya.

Por eso hay gente relevante, cualitativa y cuantitativamente, que lo ha discutido, y que todavía están, con todo el respeto, con una cierta maraña mental, y conviene que nos aclaremos. Yo creo que debemos apostar claramente y propiamente por una voluntad de autogobernarnos en Cataluña.

Lo segundo es unas instituciones, muy vigente y muy adecuada la reclamación de estos días o volver a recuperar la memoria de la figura del Presidente Tarradellas. La biografía de Joan Escolies que ha aparecido recientemente, “Tarradellas, una cierta idea de Cataluña”, y el documental cuyo estreno asistimos el President Montilla y el President Pujol, al que deseo una rápida y satisfactoria recuperación.

Tarradellas hizo un esfuerzo vital por mantener las instituciones, por mantener la institución de la Generalitat de Catalunya. Muchas veces en solitario, muchas veces contra los elementos – esto lo recoge muy bien tanto la biografía como el documental – porque sin instituciones no existe autogobierno. Lo segundo es unas instituciones y, en este sentido, también ha habido un deterioro institucional. Hay en Catalunya un Gobierno en conflicto crónico entre sus socios. Un conflicto crónico que se exporta al Parlament de Catalunya, con una presidencia en ese momento interina. No tener un Parlament de Catalunya con una presidencia plena es una falta de respeto a la institución y existe riesgo de extenderlo a otros espacios institucionales. Cuidar de las instituciones.

Es una falta de respeto a los catalanes esta pelea constante que hay en el Gobierno de la Generalitat.

Es una falta de respeto no dedicar horas a ocuparse de los problemas reales de la ciudadanía.

Es una falta de respeto enzarzarse en barajas autorreferenciales.

Y es un error grave, señor Aragonés, rechazar una ayuda que algunos, pensando más en el país que en nuestros intereses políticos, le ofrecemos. No concibo que ninguna administración tenga unos presupuestos aprobados en tiempo y forma el 1 de enero de 2023 en un contexto tan complicado como el que estamos viviendo.

Pues se lo empeña en rechazar la ayuda, y él sabrá, pero yo digo que es una falta de respeto la pelea constante, el no ocuparse de los problemas reales de la ciudadanía, la falta de respeto – sí, lo digo así – a los catalanas, y un error rechazar la ayuda, pero él sabrá.

La voluntad de autogobierno, las instituciones y la tercera cosa que hace falta es un proyecto de país. Aquí, en una democracia, es lógico que haya distintas. Por eso hay contraste y por eso la ciudadanía elige a quien apoya, pero mínimo exigible es que sean proyectos de país dirigidos al conjunto de Catalunya, y no a una parte de Catalunya. Que sean, por así decirlo, que sean proyectos de país inclusivos. Y no lo son. Estamos viendo algunas propuestas que se hacen divisivas, no inclusivas, que se dirigen a la mitad del país. Que pretenden que una parte – que yo no niego que no sea relevante cuantitativa y cualitativamente, tienen todo mi respeto – una parte se imponga sobre el resto de la ciudadanía. Vivimos episodios muy lamentables en este sentido hace 5 años, algunos que los tuvo que vivir en directo, Lluis Ravell, Ferran, Eva, en fin, los que nos acompañáis hoy aquí.

La democracia no es eso, es escucharse y tener proyectos de país que sean inclusivos, que todo el mundo se sienta representado, y tampoco hoy veo en Cataluña que quienes están gobernando ofrezcan un proyecto de país inclusivo.

Y la cuarta cosa es, lo ha dicho Meritxell y también lo suscribo, es la lealtad, la lealtad institucional. Esto no quiere decir que no haya conflictos, que existen –en un estado compuesto es inherente a que haya, eso no quiere decir que no haya discrepancias. Esto no quiere decir que tengamos que escandalizarnos, que cada uno defienda los intereses que le toca defender legítimamente, pues, los de Castilla y León, los de Andalucía, los de Cataluña o los de Barcelona, ​​si hablamos con los representantes de Barcelona o los de Castelldefels, y todo el mundo debe defender sus intereses – nosotros pedimos a nuestros representantes institucionales, cuando gobiernan un municipio, que antepongan los intereses de los municipios al interés del partido; pues igual que cuando gobiernas una Comunidad Autónoma. Esto no es lealtad, lealtad es defender lo que debes defender con lealtad, sin querer romper unilateralmente las normas de funcionamiento y, por tanto, con una voluntad de respetar el marco de juego y con una voluntad última de llegar a acuerdos. Porque, al final, la democracia es un sistema pensado para ello, por un ejercicio de diálogo para llegar a consensos y acuerdos.

Yo creo que en estas cuatro cuestiones, que son previas, veo también una dirección correcta de fondo en la sociedad catalana para recuperar esta voluntad de autogobierno para pedir que haya un cuidado de las instituciones y volver a represtigiar a las instituciones. Cuidado con la antipolítica, que el momento es propicio. Empezamos a tener situaciones económicas como las que tenemos es propicio para que haya espabilados que puedan fomentar la antipolítica pero veo un trasfondo a la sociedad catalana de "escuche, sin instituciones no podemos funcionar". Veo cada vez más a la gente apostando por proyectos de país que sean inclusivos, que quieran sumar, que no quieran restar, y me da la impresión, a mí al menos, que se favorece, y desde la ciudadanía se incentiva que se apueste en esa dirección y yo creo también que la gente está cansada de que haya actitudes desleales. Pero es un trabajo en el que todavía queda mucho recorrido por hacer.

A partir de aquí se debe ir con un planteamiento gradualista, de ir ley a ley, de aprovechar las coyunturas y de intentar mejorar las cosas y de tener un autogobierno mucho mejor de lo que tenemos.

Segunda intervención

Yo estoy de acuerdo en que el Estado Autonómico, el Estado compuesto que tenemos funciona, y el ejemplo que me parece más evidente, sin sacar pecho, sin hacer un discurso autocomplaciente, pero el ejemplo más evidente es la pandemia. La pandemia puso bajo un estrés máximo todos los sistemas de gobernanza del mundo, todos - también el de Corea del Norte, aunque no nos lo explican - todos se vieron sometidos a máxima presión. Los autoritarios, los democráticos, los centralizados, los descentralizados, los federales, los confederales, todos. Y, por si había dudas al principio de qué tipo de gobernanza o qué influencia tendrían los sistemas de gobernanza en la respuesta a la pandemia, y la respuesta mayoritaria, posiblemente no de los más entendidos, pero lo que la gente decía era de los que mande uno, que tengan un poder centralizado, porque con 17 sistemas de sanidad será más difícil que si hubiera uno. Pues no ha sido así, y si uno lo mira con cierta perspectiva, y lo mira con cierta ecuanimidad, pues nuestro sistema, que es un sistema que está compuesto, no sólo ha respondido mejor que sistemas más centralizados del nuestro entorno -no nos vamos a comparar a sistemas de nuestro entorno que tenían menos recursos- no hemos respondido peor que el francés, que es más centralizado. E incluso, en algunos parámetros podría decirse que lo hemos hecho un poco mejor – con la boca muy pequeña, porque parecerá que reivindique cosas y no es así.

El sistema ha aguantado y aguantado bien. Y ha demostrado que tenía los distintos resortes para poder, flexiblemente, responder a diferentes situaciones. Concentrar la decisión cuando no sabíamos muy bien lo que venía, lo que fue compartido por todos, muy mayoritariamente, el primer Estado de Alarma, y ​​entonces ir haciendo con un sistema de cogobernanza. Y, sobre todo, 15 Conferencias de Presidentes, que eran, como yo digo, las misas dominicales, los domingos de 10 a 2.

Pues esto tenía su utilidad. Esto es muy pedagógico y fue muy bien y es verdad, si somos 19 presidentes, 17 Comunidades Autónomas más Ceuta y Melilla, no puedes hacer intervenciones de tres horas por ninguna, porque no terminaríamos ni en un día. Tienes que concentrar, significa que debes pensar lo que vas a decir, pero en cinco minutos se pueden decir muchas cosas. Y fue bien. Y fue útil para todos. Primero, porque compartíamos. Segundo, porque explicábamos e informábamos. Tercero, porque recogíamos iniciativas. Y lo mismo en el ámbito más estrictamente sectorial en la Sanidad, pero también otros como la educación o como la agricultura. Esto funcionó, y es verdad que es más pesado tener que ponerse de acuerdo, pero también más enriquecedor, porque es una decisión más compartida, más informada, no es lo mismo Canarias que Galicia o La Rioja que Madrid y, por tanto, podías tomar medidas mucho más ecuánimes e, insisto, mucho más informadas.

Y lo mismo ocurrió a nivel europeo. Nos teníamos que poner de acuerdo con la movilidad, que también es un sistema compuesto, porque si no… podemos tomar medidas unilaterales, pero existe un sistema integrado. Y también pues sí, ponerse de acuerdo los 27 es algo más difícil, con diferencias de tamaño, intereses y culturas tan diferentes como Alemania, Malta o Estonia, pues fue bien y creo que, efectivamente, nos lo debemos decir, en lo esencial ha funcionado y ha superado una prueba de estrés muy relevante en el último año.

¿Hay recorrido de mejora? Naturalmente. Y yo creo que debemos agradecer a todos aquellos que señalan el recorrido de mejora que hay, siempre y cuando lo hagan no con el ánimo de desacreditar, que hay algunos que siempre señalan el punto negro para decir “no va y ni va a ir”, no, eso se lo ahorra porque muy bien. Sobre todo si se hace con ánimo de mejora y con ánimo constructivo y con ánimo de buscar un camino, digamos, de mejora. Pero esta actitud de desacreditar constantemente que por Cataluña, por Cataluña, está muy extendido, pues no aporta mejora. Hay recorrido de mejora.

Yo pienso como tú, Meritxell, que en estos momentos, las condiciones para mejorarlo deben ser ampliamente compartidas, no deben ser impuestas y, efectivamente, representantes de una parte significativa de la sociedad española no lo ven claro. Yo creo que nos engañaríamos a nosotros mismos y nos haríamos un mal saber si quisiéramos tomar el camino del atajo y lo imponemos. Juego creo que, en cambio, debemos aprovechar el recorrido de mejora que existe más por la vía de los hechos, como hicimos durante la pandemia. No tocamos demasiadas leyes –alguna tocamos– pero aprovechamos el día a día y funcionó. Yo creo que hay dos líneas de trabajo: ésta por la vía de los hechos e ir mejorando y entonces – el presidente Montilla también lo ha insinuado y lo ha dicho en sus intervenciones – tenerlo pensado, porque habrá un momento en que haya una oportunidad o una coyuntura favorable. Y si lo tienes pensado, puedes hacerlo. Si no lo tienes pensado, si no lo has trabajado, si no tienes una idea clara de cómo podemos mejorarlo entonces pierdes la ocasión que se acaba dando siempre. En política existen coyunturas, como las nuestras, de Estados compuestos. Por eso un poco la importancia de estas jornadas y todo el trabajo que está haciendo, Meritxell y Ferran. Debe tenerse pensado y acordado, al menos en nuestro espacio político. Acordado y compartido por cuando llegue el momento. Ahora, imponerlo, no, como tampoco nos lo dejaríamos imponer a nosotros.

Pero, en quienes tampoco lo ven, tampoco existe una posición monolítica. También hay mucha gente, de los que no lo ven, que si le dices que vas a recortar competencias autonómicas te dirá que no, y que incluso querría más y que, en muchos casos, tienen razón. Por tanto, yo creo que son las dos cuestiones.

Y el tercer comentario, el primer paso por el reencuentro de la sociedad catalana, que también tiene… a veces se habla mucho de la épica, pero también está la épica del reencuentro – yo me he encontrado ya algunas escenas en Cataluña de gente que se emociona descubriendo que puede hablar con uno que piensa completamente diferente a él en términos de encaje en Cataluña – España y que pueden encontrar incluso algún punto de conexión, por ejemplo, en materia del catalán en la enseñanza obligatorio. Hay también una épica del reencuentro. Ahora, lo primero que debemos hacer es hablar, hablar entre nosotros, y aquí, a mí éstos que predican y exigen el diálogo pero no lo practican, si es un buen método para sentarse en Madrid – que esto, aquí, hay gente que tiene una obsesión por sentarse en Madrid – pero aquí también. Si es un buen método constatar diferencias, aquí también hagámoslo, porque Cataluña es plural, y hay formas de ver las cosas muy diferentes, y lo que debemos hacer es no ser ingenuos, no nos pondremos de acuerdo con todo, pero lo primero es reconocer públicamente que existe una pluralidad de maneras de pensar en Cataluña en torno a una mesa, y es la primera señal de respeto y reconocimiento mutuo.

Y yo también digo una cosa: por mucho que se nieguen a hacerlo algunos porque no quieren reconocer esto, está ahí. Por tanto, tarde o temprano, de una forma u otra, más o menos ordenada, liderándolo, por respeto a las instituciones, que esto es muy relevante – a veces me dicen: “¿por qué no empieza usted el diálogo? ” Porque le toca hacerlo al presidente de la Generalitat. Esto es un primer signo de respeto a la institución. Si nosotros no creemos en las instituciones, si nosotros cuando reclamamos no… pues tendrá que hacerlo él. Por eso yo no… porque es un primer respeto a la institución, no puedo no respetarla. Pues esto se va a acabar haciendo. Es el primer paso, digamos, por ese reencuentro desde mi punto de vista.