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“El tiempo arisco”, de Raimon Obiols

19 septiembre 2022

"Los tiempos arisco" de Raimon Obiols

Por Carles Martí y Jufresa

Con una mirada aguda y reposada, Raimon Obiols evalúa las adversidades e incertidumbres de nuestro tiempo y nos propone, para no dejarnos agobiar ni quedarnos decepcionados, reanudar el hilo de la política realmente transformadora.

El temps esquerp es nuestro tiempo, el tiempo reciente y todavía actual de pandemia, de proceso independentista, de nacionalpopulismos y espectros del fascismo, de hechos alternativos y de capitalismo desnortado. Un tiempo difícil de tragar, proclive a la desorientación, a la división y al enfrentamiento, a la desilusión ya la decepción. Pero también un tiempo en el que la magnitud de sus adversidades e incertidumbres nos ha hecho conscientes de su importancia y nos ha forzado a repensarlo, a reflexionar sobre él, levantando la cabeza del presente y poniéndolo en perspectiva.

Y esto es lo que hace Raimon Obiols en este último libro (acabado de escribir justo antes de la guerra de Ucrania). Sin ampulosidades teóricas, pero con el poso de una gran erudición y de una larga experiencia vital, su mirada aguda ya la vez reposada sobre nuestro tiempo nos ofrece un análisis esmerado, pero sobre todo, como apunta el subtítulo del libro “12 apuntes contra la decepción política”, una respuesta, un camino para buscar la salida: el camino de la política, el de la política realmente transformadora en la que cabe todo el mundo.

Doce apuntes que más que como esbozos deben verse como cuadros pintados “a media luz ya media distancia” (en la mejor tradición pictórica que el propio autor reivindica en la introducción siguiendo las enseñanzas de su padre artista). Doce cuadros que sin duda pueden leerse por separado e intercambiando su orden, como también dice el autor, pero que juntos conforman toda una exposición, la exposición completa de un relato global y coherente que en su muelle de el oso trae una propuesta política.

El análisis que hace R. Obiols de nuestro tiempo abarca particularmente Cataluña y su relación con España. Rehuyendo y criticando lo que llama “terraplanismo” nacionalista (porque contra toda evidencia histórica y factual sigue sosteniendo que toda nación tiene derecho a un estado y que todo estado encarna a una nación a la vez que siempre ve las esencias nacionales en peligro), Obiols parte del contrapunto conceptual de lo que diferentes intelectuales han bautizado como “vicios de situación” o “limitaciones endémicas” de nuestro país (la incapacidad de aprovechar oportunidades y consolidar progresos) y nuestra demostrada resiliencia, a veces exacerbada, para seguir la historia de Cataluña. Así, la relación de Cataluña con el resto de España habría ido oscilando entre la conlevancia, tal y como lo entendía Amadeu Hurtado (es decir, como voluntad de entendimiento y convivencia) y la conlevancia tal y como la formuló Ortega y Gasset (es decir, como estricta tolerancia inevitable) cuando no entra en períodos de erupción inútil como el Proceso. Un Proceso que se explica fundamentalmente como “fase superior del pujolismo”, debido a que el pujolismo (nacido de la opción de la poderosa burguesía catalana para dominar el país sin dirigirlo directamente y al mismo tiempo cerrar eficazmente el paso al izquierda) va asentando a lo largo de sus muchos años de gobierno dos formas políticas básicas para hacerlo posible: la “teología laica” nacionalista (independencia o extinción nacional) y la “teatrocracia” (la representación y el simbolismo del poder por delante de ejercicio real del poder). Frente al pujolismo y el Proceso, los mejores momentos de Cataluña corresponderían a la Mancomunidad de Prat de la Riba y al impulso de P. Maragall basándose en el municipalismo socialista.

Este análisis de Cataluña se da inevitablemente en paralelo al del fenómeno global del nacionalpopulismo y sus raíces fascistas (Obiols pone especial énfasis en el trumpismo, comparándolo con las tesis y actitudes de D'Annunzio y Marinetti) y más en general al de la vuelta al primer plano político de las identidades nacionales. Todo ello en el contexto del despliegue de internet y las redes sociales con su capacidad de polarizar e instalar la duda sobre cualquier cuestión, incluso las más evidentes, llegando a crear auténticos guetos mentales.      

El análisis del tiempo arisco también se detiene en otros dos elementos: la pandemia y las tendencias del capitalismo del siglo XXI. La pandemia es sobre todo “la gran pausa”, la demostración a ojos de todos que la política puede gobernar la economía, y el momento de toma de conciencia colectiva que estamos todos en un mismo barco y que los problemas actuales lo son para a toda la Humanidad. Una “gran pausa” que llega paradójicamente cuando nuestras sociedades se adentraban cada vez más en una dinámica, que parecía imparable, de aceleración en todos los campos de la vida (y que nuestras instituciones económicas, sociales y políticas ya no podían seguir), como una de las tendencias forjadas por la presión del capitalismo. A esta tendencia se podían añadir la del creciente productivismo y consumismo antiecológico basado en los combustibles fósiles y la del poder ingente (tanto en términos económicos como políticos) de las multinacionales de la información y la comunicación, configurando las tres la expresión de la omnipotencia del mercado globalizado.

Este tiempo arisco que nos ha tocado vivir, ciertamente complicado y desalentador, no es, sin embargo, el único tiempo difícil por el que han transitado ni nuestro país ni el mundo en los últimos siglos. R. Obiols nos lo recuerda rememorando vivencias y pensamientos de algunos de los intelectuales y políticos de los siglos XIX y XX (George Orwell, Robert Musil, Albert O. Hirschsman, Ernest Lluch, Max Aub entre otros) tuvieron que enfrentarse y lo hicieron a partir de las premisas en las que él ve el hilo que hay que reanudar para enfrentarse también hoy. Es el hilo de una determinada forma de entender el mundo que cree en la política como la mejor acción para no resignarse y transformarlo, en una política humanista y universalista, pero plenamente consciente de sus limitaciones (derivadas de la propia condición humana y en particular de su irreductible pluralismo) y de ahí que alejada de imposiciones, lo que la hace frágil y, por tanto, a veces caer derrotada. Ha sido, sin embargo, a la larga, en la perspectiva que da mirar atrás, la única política reparadora, no excluyente y sustentadora de progreso y bienestar duraderos, aunque también se ha equivocado y cometido errores.

Es la política que R. Obiols sintetiza, en una de las muchas veces que se refiere y la describe, tomando los conceptos básicos del método Stanislavsky (el sistema para la formación de actores basado en el arte de experimentar por sobre el de representar): atención a la realidad + imaginación para superarla. Una política que se contrapone tanto a la Realpolitik como en la fantasía ilusa, una política que no rehuye los problemas objetivos ni obvia lo que piensan los demás, pero que busca con ahínco los caminos viables, aunque parciales o más lentos, para remover las injusticias y las desigualdades que impiden la plena libertad de los humanos. Y evidentemente, una política que puede servir para rectificar, para cambiar de rumbo y salir del Proceso en Cataluña y también para hacer frente a los retos globales pospandemia.

Es la política de la democracia y del federalismo de facto (de los hechos por encima de las declaraciones y en contraposición al “vagar de las naciones en pena”), del diálogo que desde la empatía propone soluciones asumibles, de la búsqueda del consenso más amplio posible compartiendo prioridades y principios, pero sin que nadie deba renunciar a sus valores, del entender los conflictos como consustanciales a la convivencia pero siempre abordables y resolubles (subdividiéndolos y no cayendo en el todo o nada). Es el europeísmo y en Cataluña, de nuevo y como en sus mejores momentos, el catalanismo que, entendiendo que toda nación es plural, se erige entre la imposición independentista y la indiferenciación españolista como un revulsivo político y social para volver a construir el país de todos.

R. Obiols entronca esta política con la responsabilidad weberiana, con el sentido de lo posible de Musil o la decencia común de Orwell y muchas veces la perfila con reflexiones forjadas en su propia trayectoria como “la realidad en política no sólo son los hechos, sino los hechos más las opiniones, más los sentimientos”, o como “nos equivocamos en grupo y corregimos individualmente ”, o también como “muy a menudo la política desobedece las leyes de la física… excepto el principio de Arquímedes (quien trata de sumergir un cuerpo en un líquido se encuentra con una fuerza equivalente de abajo arriba)”. Y no deja de señalar que esta política es, o en cualquier caso debería ser, la urdimbre del socialismo democrático.

Si tuviera que quedarme con alguna de las muchas reflexiones de fondo que plantea el libro, escogería la que postula la trascendencia de la política en nuestro devenir colectivo, su centralidad en el gobierno del mundo en el que vivimos, y de reboso dos de sus corolarios: nunca se puede dejar de querer hacer política y siempre hay que dar la batalla de las ideas. También contestaría alguna de sus aproximaciones teóricas, especialmente la que tiende a pensar que realmente se puede hablar de Humanidad en términos políticos (por ejemplo, no creo que la pandemia se haya vivido igual en los continentes o que la aproximación de otras culturas en la política pueda ser homologable a la nuestra o que existan problemas que sean verdaderamente compartidos como tales por todos los países incluso en temas aparentemente tan transnacionales y objetivos como los derivados de la crisis climática).

Sin embargo El temps esquerp, que es un libro inequívocamente político (aspecto en el que se ha querido centrar esta reseña en tratar de mostrar su relato vertebrador), es también un magnífico ejercicio literario. A partir de una prosa rica y precisa, pero sobria y de muy buena lectura, el lector descubre un ensayo originalmente construido y lleno de referencias interesantes que despliega muchos matices en cada uno de sus “apuntes” o capítulos. Se trata en definitiva de un libro con un gran valor propio que, como han demostrado las críticas positivas provenientes de espacios políticos muy alejados del nuestro, más allá de los libros de parto o al servicio de propósitos ajenos a su autor que tanto han proliferado últimamente, se abre paso por sí solo.

CM

Raimon Obiols (Barcelona-1940). Licenciado en Geología. Militante del MSC, fue represaliado por su participación en Caputxinada y no pudo volver a la docencia hasta 1974. Impulsor de Convergencia Socialista de Catalunya y del PSC-Congrés. Fundador del PSC en 1978. Diputado en el Congreso durante tres legislaturas y en el Parlament de Catalunya durante cuatro legislaturas. Europarlamentario entre 1999 y 2014 (tres legislaturas). Dirigente del PSC, Primer Secretario (1983-1996) y Presidente (1996-2000). Entre sus obras, cabe destacar: Els futurs imperfectes, una aproximació als somnis i desitjos viables de l'esquerra (Plaza y Janés 1987),  Hereus del futur (ed. Partit dels Socialistes de Catalunya 1988) Patria humana. Globalització i socialisme del segle XXI (Flor del Vent (1999), El mínim que es pot dir, memòries polítiques ( RBA 2013), El temps esquerp (Arcadia 2022).