Después de la esperada firma del presidente polaco, Lech Kaczynski, sólo falta la rúbrica del presidente checo, el euroescéptico i extravagante, Václav Klaus, para que el Tratado de Lisboa entre en vigor.
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Finalmente, el pasado 10 de octubre, el controvertido presidente de Polonia, Lech Kaczynski, invitó a Varsovia a los representantes de las instituciones comunitarias - Comisión, Parlamento Europeo y Consejo - al acto oficial de la firma del Tratado de Lisboa.
Aunque el Parlamento polaco ya aprovara el nuevo tratado en abril de 2008, Kaczynski ha mantenido su decisión en suspenso hasta, en primer lugar, la obtención de unas cláusulas específicas, que contemplan la posibilidad de quedarse fuera (opt out) de decisiones relativas a los derechos de los homosexuales y al aborto, y, posteriormente, hasta la celebración del segundo referéndum en Irlanda. El presidente polaco condicionó su decisión al resultado de la consulta irlandesa. Afortunadamente, la contundente victorial del SI ha permitido la subida definitiva de Varsovia al tren del progreso institucional europeo.
Cabe recordar que el Tratado de Lisboa representa - en palabras de la eurodiputada y Secretaria de Política Europea e Internacional del PSC - " un paso adelante para que la UE tome decisiones de manera más coordinada y rápida y establece una Carta de Derechos Fundamentales vinculante".
Ahora, el foco de atención se centra en Praga y en la esperada firma del presidente checo, Václav Klaus, uno de los jefes de Estado más euroescépticos e imprevisibles de la Unión. En este sentido, la presidencia checa del Consejo durante el primer semestre de 2009 se caracterizó por sus polémicas y provocadoras declaraciones, en ocasiones de ataque frontal al proyecto europeo.
Aunque el Parlamento checo - como el polaco - ya ha aprovado el Tratado, 17 senadores leales a Klaus han presentado un recurso de inconstitucionalidad del nuevo texto ante las máximas autoridades jurídicas del país. La deliberación de los jueces está prevista para el 27 de octubre y su decisión podría llegar pronto. Esto es lo que mantiene el Primer Ministro, Jan Fisher.
Klaus ha precisado que para firmar el Tratado se debería contemplar también un opt out para la República Checa. En este caso, la excepción debería garantizar la supremacía de los Tribunales nacionales, ya que - según Klaus - la aplicación de la Carta de Derechos Fundamentales tal y como se contempla en Lisboa permetiría puentear a los tribunales checos para aplicar las reivindicaciones de los alemanes expulsados de los Sudetes al acabar la Segunda Guerra Mundial.
Salvando esta demanda y pese a los muchos recelos de Klaus hacia el Tratado, parece que la firma del presidente checo se acerca. El mismo Klaus ha admitido " que la reforma de la Unión no se puede parar". El próximo Consejo Europeo de los días 29 y 30 de octubre tratará los acuerdos necesarios para resolver la renovación institucional en el tránsito de un Tratado a otro y estudiará - si fuese necesario - la demanda de Klaus.
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