Catalunya necesita un cambio

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Article de Miquel Iceta a La Vanguardia

Catalunya lleva una década perdida. Casi diez años en que el soberanismo catalán ha insistido en llevarnos con mucha prisa y a toda velocidad, en ocasiones incluso sin frenos, hacia el precipicio. Calentando emociones, contraponiendo identidades y dividiendo a la sociedad por mitades, las fuerzas independentistas optaron ya hace años por la estrategia de la confrontación y de la gesticulación estéril como la mejor manera de esconder su impotencia, su inoperancia y su incompetencia.

Desde el tacticismo de retórica vacía, las fuerzas soberanistas han perjudicado nuestra economía, nuestra sociedad, nuestra imagen y nuestras expectativas sin lograr ningún beneficio. Ni uno. Coleccionando derrotas y acumulando frustraciones, el camino hacia la independencia no ha servido para nada más que para intentar esconder recortes y una mala gestión de los recursos públicos con unos pobres resultados pobres: menos derechos, menos oportunidades, más desigualdad, más precariedad y una evidente pérdida de impulso de la economía. En definitiva, estamos donde estamos porque el independentismo nos ha llevado hasta aquí.

Catalunya se encuentra hoy, desgraciadamente, en un escenario de declive social y económico, con una evidente degradación política e institucional, porque no hemos tenido buenos gobiernos en los diez últimos años. Y ahora, cuando la crisis económica y social marcará profundamente el pe­riodo post-Covid-19, necesitamos un gobierno que esté a la altura, que no esconda la cabeza bajo el ala ni se salga por la tangente, y que lidere un esfuerzo colectivo para afrontar, con decisión y ambición, el reto inmenso que tenemos por delante. Con realismo y unidad. Con optimismo y voluntad compartida de ofrecer las mejores propuestas para la salida de la crisis y de trabajar juntos, convencidos de que haciéndolo de la mano del resto de España y de la UE saldremos mejor adelante.

Catalunya necesita un cambio, pero no cualquier cambio. Necesita un cambio que garantice que se reactiva la economía y se fortalecen los servicios públicos. Un cambio que asegure que se gestionan eficientemente los recursos de que disponemos. Un cambio que ofrezca seguridad jurídica, estabilidad política y confianza para atraer, retener e impulsar nuevos proyectos empresariales y de emprendeduría, así como para reactivar el tejido industrial, maltratado durante demasiados años. Un cambio que invierta en conocimiento e innovación, y que impulse la transición ecológica y energética y la digitalización.

Catalunya puede y tiene que ser un país mejor, pero necesita al frente un buen gobierno con un presidente que piense en todos los catalanes y las catalanas. Estamos en una encrucijada decisiva, y la propuesta socialista es clara: reconstrucción social, reactivación económica y concordia entre los catalanes. Estos son los fundamentos que sostienen las políticas que quiere emprender el PSC desde el gobierno de la Generalitat. Y estamos convencidos de que todo el mundo es imprescindible para la construcción de una Catalunya de todos y todas, basada en la realización plena y efectiva de los valores de libertad, igualdad, fraternidad, justicia social, feminismo, solidaridad, equilibrio territorial y ecología. Son precisamente estos valores los que
nos empujan a librar la batalla por una sociedad y una economía mejores, más prósperas, más justas y sostenibles, para liderar una etapa de progreso y de prosperidad compartida.

Catalunya necesita un cambio, y este cambio pasa por una nueva mayoría y por un cambio de gobierno. Quiero encabezar un gobierno progresista, y quiero hacerlo desde el diálogo y pensando en el conjunto de la sociedad. Los y las socialistas somos garantía de solvencia y de buen gobierno, imprescindibles para garantizar la reconstrucción social del país, su reactivación económica y la concordia. Catalunya no puede esperar más. Catalunya merece un gobierno mejor.

 

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